30 de abril de 2007

John William Waterhouse


Circe (The Sorceress)



La obra de John William Waterhouse (1849 – 1917) va más allá de los temas clásicos, de las influencias literarias y mitológicas, para descubrirnos el alma distinguida, soñadora y romántica del artista.

John William Waterhouse (inglés)

Waterhouse (inglés)

27 de abril de 2007

Arte implicado


Arte y compromiso se aúnan en Arte Implicado. Artistas de reconocido prestigio muestran su compromiso y generosidad donando su obra a esta colección de arte gráfico contemporáneo.

Los fondos obtenidos con la venta de los trabajos contribuyen a mantener la labor de Amnistía Internacional en defensa de los Derechos Humanos.
Amnistía Internacional

26 de abril de 2007

Oscar Gutiérrez


Oscar Gutiérrez realiza unas excelentes fotografías y las pone a disposición de todos desde su web, para que podamos compartirlas como postales virtuales o disfrutarlas como salvapantallas.
Oscar Gutiérrez

25 de abril de 2007

Joan Miró

Gravure sur bois, 1970

"En el grabado sobre madera veo grandísimas posibilidades, pero haciéndolo de una manera actual, no como los que quieren resucitar este oficio, que lo hacen como se hacía hace cinco siglos, sin tener en cuenta que antiguamente lo hacían de este modo porque no existía todavía el grabado al buril (…) Partir de la madera y con la magia de las herramientas cortarlas brutalmente, como una talla negra –derramar tinta encima de la madera y partir de estas manchar e ir dibujando; partir también de manchas de cera que dejaré caer sobre formas de estaño fundidas en el fuego que colocaré encima de la madera. Hacer un triángulo muy limitado y colorear todas las pruebas de modo diferente…” Joan Miró

Fundació Miró

24 de abril de 2007

Fractales



¿Una entidad matemática puede ser bella? Desde luego. Un cuerpo fractal es aquel que tiene la Dimensión Topológica estrictamente menor que su Dimensión de Haussdorf-Besucovic, pero más allá de su definición matemática, un fractal es la prueba de que las matemáticas también pueden producir arte.
Electric sheep (inglés)

23 de abril de 2007

Shakespeare

OTELO: Aun cuando pluguiera al cielo ponerme a prueba el dolor; aun cuando hubiera hecho llover sobre mi cabeza desnuda toda clase de males y de vergüenzas; aun cuando me hubiera sumergido en la miseria hasta los labios; aun cuando me redujese a la cautividad con mis últimas esperanzas, aún habría podido encontrar en un rincón de mi alma una gota de paciencia. Pero ¡ay! ¡Hacer de mí la imagen fija que el escarnio del mundo señalará con su dedo lento y móvil!... ¡Oh! ¡Oh! Sin embargo, todavía aguantara esto; bien, muy bien. ¡Pero ser arrojado del santuario en que depositó mi corazón; del santuario donde tengo que vivir, o renunciar a la vida; del manantial hacia donde se desliza mi corriente para no secarse! ¡Ser arrojado de él o conservado como una cisterna para que sucios sapos se enlacen y engendren dentro!... ¡Paciencia, tú, joven querubín de labios de rosa, cambia de complexión! ¡Cambia, así, y adquiere una fisonomía siniestra como el infierno!

Shakespeare, Otelo acto IV, segunda escena

Vicente Canteli



Vicente Canteli realiza apuntes gráficos de la actualidad internacional con buenas dosis de originalidad y perspicacia.
Grafias.org

20 de abril de 2007

Palacio de Versailles



Luis XIII ordenó construir en Versailles en 1623, "un lugar de cita para ir de caza, un pequeño castillo de hidalgos". Su hijo, Luis XIV, el Rey Sol, amplió el edificio original, una pequeña casa rural, y lo embelleció con amplias fachadas de piedras blancas y la terraza central, el arquitecto encargado de ampliar y mejorar la residencia es Le Vau. Pero "este pequeño castillo de naipes", según la expresión de Saint-Simon, sigue siendo demasiado limitado, por ello Le Vau realiza de 1668 a 1670 un segundo edificio que rodea el primer castillo. Siguiendo las directrices del rey, Le Nôtre, se encarga de realizar los magníficos jardines.

El palacio de Versailles se convierte en la residencia principal de la corte de Francia, el escenario de fiestas suntuosas y la sede del poder. Salas con decoraciones sorprendentes por su indiscutible belleza: el Salón de la Abundancia, de Venus, de Diana, de Marte o de Hércules y Mercurio o la famosísima Galería de los Espejos. Mármoles, bronces y maderas nobles rivalizan en fastuosidad y elegancia a la vez que dan cuenta de la grandeza y la gloria de una época que todavía nos seduce.

Château de Versailles

19 de abril de 2007

Vincent Van Gogh


Si se tuviera la convicción de pertenecer a esta categoría, se avanzaría por el camino con calma y confianza, sin dudar del buen resultado final. Había un hombre que un día entró en una iglesia y preguntó: «Es posible que mi fervor me haya engañado, que haya tomado el mal camino y que siga mal, ¡ay de mí! Si me librara de esta incertidumbre y si pudiera tener la firme convicción de que terminaré por tener éxito y vencer». Y una voz entonces le contesta: «Y si tuvieras la certidumbre, ¿qué harías? Haz como si estuvieras seguro y no serás confundido.» El hombre entonces continuó su camino, ya no incrédulo sino creyente, y continuó la obra sin dudar ni vacilar más. Por lo que respecta a ser «hombre interior y espiritual», ¿no se podría desarrollar este estado en uno mismo por el conocimiento de la historia en general y de personalidades determinadas de todos los tiempos en particular, desde la historia sagrada hasta la de la Revolución, y de la Odisea hasta los libros de Dickens y Michelet? ¿Y no se podría sacar alguna enseñanza de la obra de hombres como Rembrandt o de las Malas hierbas de Breton, o Las horas de la jornada de Millet, o la Benedicite de De Groux o Brion o El recluta de De Groux (o si no de Conscience) o los Grandes robles de Dupré, o los molinos y las llanuras de arena de Michel?


Fragmento de una carta de Vincent Van Gogh remitida a su hermano Théo y fechada en Amsterdam, el 3 de abril de 1878.


Van Gogh Museum

La galería de Vincent Van Gogh

18 de abril de 2007

Rainer Maria Rilke


CARTA A UN JOVEN POETA

París, a 17 de febrero de 1903



Muy distinguido señor:


Hace sólo pocos días que me alcanzó su carta, por cuya grande y afectuosa confianza quiero darle las gracias. Sabré apenas hacer algo más. No puedo entrar en minuciosas consideraciones sobre la índole de sus versos, porque me es del todo ajena cualquier intención de crítica. Y es que, para tomar contacto con una obra de arte, nada, en efecto, resulta menos acertado que el lenguaje crítico, en el cual todo se reduce siempre a unos equívocos más o menos felices.


Las cosas no son todas tan comprensibles ni tan fáciles de expresar como generalmente se nos quisiera hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son inexpresables; suceden dentro de un recinto que nunca holló palabra alguna. Y más inexpresables que cualquier otra cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere, perdura.


Dicho esto, sólo queda por añadir que sus versos no tienen aún carácter propio, pero sí unos brotes quedos y recatados que despuntan ya, iniciando algo personal. Donde más claramente lo percibo es en el último poema: "Mi alma". Ahí hay algo propio que ansía manifestarse; anhelando cobrar voz y forma y melodía. Y en los bellos versos "A Leopardi" parece brotar cierta afinidad con ese hombre tan grande, tan solitario. Aun así, sus poemas no son todavía nada original, nada independiente. No lo es tampoco el último, ni el que dedica a Leopardi. La bondadosa carta que los acompaña no deja de explicarme algunas deficiencias que percibí al leer sus versos, sin que, con todo, pudiera señalarlas, dando a cada una el nombre que le corresponda.


Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.


Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá cómo su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro, si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.


Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro. Por eso, muy estimado señor, no he sabido darle otro consejo que éste: adentrarse en sí mismo y explorar las profundidades de donde mana su vida. En su venero hallará la respuesta cuando se pregunte si debe crear. Acéptela tal como suene. Sin tratar de buscarle varias y sutiles interpretaciones. Acaso resulte cierto que está llamado a ser poeta. Entonces cargue con este su destino; llévelo con su peso y su grandeza, sin preguntar nunca por el premio que pueda venir de fuera. Pues el hombre creador debe ser un mundo aparte, independiente, y hallarlo todo dentro de sí y en la naturaleza, a la que va unido.


Pero tal vez, aun después de haberse sumergido en sí mismo y en su soledad, tenga usted que renunciar a ser poeta. (Basta, como ya queda dicho, sentir que se podría seguir viviendo sin escribir, para no permitirse el intentarlo siquiera.) Mas, aun así, este recogimiento que yo le pido no habrá sido inútil: en todo caso, su vida encontrará de ahí en adelante caminos propios. Que éstos sean buenos, ricos, amplios, es lo que yo le deseo más de cuanto puedan expresar mis palabras.


¿Qué más he de decirle? Me parece que ya todo queda debidamente recalcado. Al fin y al cabo, yo sólo he querido aconsejarle que se desenvuelva y se forme al impulso de su propio desarrollo. Al cual, por cierto, no podría causarle perturbación más violenta que la que sufriría si usted se empeñase en mirar hacia fuera, esperando que del exterior llegue la respuesta a unas preguntas que sólo su más íntimo sentir, en la más callada de sus horas, acierte quizás a contestar.


Fue para mí una gran alegría el hallar en su carta el nombre del profesor Horacek. Sigo guardando a este amable sabio una profunda veneración y una gratitud que perdurará por muchos años. Hágame el favor de expresarle estos sentimientos míos. Es prueba de gran bondad el que aun se acuerde de mí, y yo lo sé apreciar.


Le devuelvo los adjuntos versos, que usted me confió tan amablemente. Una vez más le doy las gracias por la magnitud y la cordialidad de su confianza. Mediante esta respuesta sincera y concienzuda, he intentado hacerme digno de ella: al menos un poco más digno de cuanto, como extraño, lo soy en realidad.


Con todo afecto y simpatía,


Rainer Maria Rilke


Primera carta a Franz Xaver Kappus

17 de abril de 2007

Ben Lustenhouwer



"La tarea de un retratista no sólo consiste en producir una semejanza perfecta, sino en entregar una pieza de carácter de la mejor calidad técnica. Pericia y conocimiento de la naturaleza humana son dos de las cualidades más importantes de un retratista".
Ben Lustenhouwer

16 de abril de 2007

Grua Gràfics



Cristina Durán y Miguel Ángel Giner Bou son dos licenciados en Bellas Artes que realizan ilustraciones de libros, cómics, publicidad, animaciones, carteles, folletos…
Grua Gràfics

13 de abril de 2007

12 de abril de 2007

11 de abril de 2007

Jorge Luis Borges

EPISODIO DEL ENEMIGO

Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en sus viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no se griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón, que no volví a ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero sólo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.

Me incliné sobre él para que me oyera.
-Uno cree que los años pasan para uno -le dije-, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.

Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.

Me dijo entonces con voz firme:

-Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Le tengo ahora a mi merced y no soy misericordioso. Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme.

Atiné a decir:

-En verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.

-Precisamente porque ya no soy aquel niño -me replicó- tengo que matarlo. No se trata de una venganza, sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate.

Usted ya no puede hacer nada.

-Puedo hacer una cosa -le contesté.

-¿Cuál? -me preguntó.

-Despertarme.

Y así lo hice.

Jorge Luis Borges

10 de abril de 2007

Soizick Meister

Larry's house

Soizick Meister es una magnifica ilustradora de libros y diseñadora gráfica. Alterna las técnicas tradicionales con las digitales y consigue unas imágenes conceptuales llenas de sensibilidad que abordan temas como la literatura, la educación, el trabajo…
Soizick Meister

9 de abril de 2007

Sylvia Plachy


Sylvia Plachy es una fotógrafa húngara que ha colaborado con publicaciones como The New York Times, The New Yorker, Time o Village Voice.


Su primer libro, Unguided Tour (Visita no guiada) es una maravillosa colección de fotografías de su tiempo como fotógrafa en Village. En su segundo libro Red Light: inside the sex industry (Luz roja: dentro de la industria del sexo) dirige el objetivo con mirada valiente a la industria del sexo. Su último trabajo Signos y reliquias es una particular mirada a objetos cotidianos. Aunque su obra más conocida es Self Portrait with cows going home (Autorretrato con vacas volviendo a casa), que reúne un muestrario fotográfico de la Europa del Este que ella vio en su infancia y que, ocho años después de salir de Hungría, volvió para retratar. Son instantáneas, en blanco y negro en su mayoría, de su Hungría natal.

Plachy está presente en las colecciones fotográficas de museos como el Metropolitan y el MOMA de Nueva York, el de Arte Moderno de San Francisco, el de Grandes Obras de Houston o la Biblioteca Nacional de París, entre otros, y su obra ha sido expuesta en Francia, Inglaterra, Alemania, Eslovenia, Hungría, Canadá, Japón, China y Estados Unidos.

Sylvia Plachy es también la madre del conocido actor Adrien Brody, oscarizado por su interpretación en la película El pianista.

Sylvia Plachy

5 de abril de 2007

Tomás Moro

Tomás Moro retratado por Rubens

LOS ESCLAVOS

No tienen por esclavos a los que hacen prisioneros en la guerra, ni siquiera a aquellos que les atacaron injustamente, ni a los hijos de los esclavos, ni a ningunos otros que estén en servidumbre en otras naciones, aunque los pueden comprar.

Únicamente tienen como esclavos a aquellos que por algún delito han incurrido en la pena de esclavitud, ya sean naturales de Utopía, ya sean extranjeros, lo cual ocurre frecuentemente.

Les hacen trabajar duramente, y los tienen en prisiones, con trato riguroso, juzgando que son incorregibles y merecedores de más graves castigos ya, que habiendo sido educados tan cuidadosamente en la virtud, no se han podido abstener del vicio. También existe, allí otra clase de servidumbre, integrada por algunos extranjeros acostumbrados al trabajo, sin recursos y de baja condición, que se ofrecen para servirles. A estos les tratan benignamente, y les tienen por poco menos que como ciudadanos, aunque les dan trabajos más pesados. Si alguno quiere despedirse (lo que ocurre raras veces) no lo retienen contra su voluntad ni lo despiden sin galardón.

Tomás Moro, fragmento de Utopía, 1516.

2 de abril de 2007

Manuscrito

Manuscrito siglo XIV

Los libros anteriores a la aparición de la imprenta se denominan manuscritos. Fueron escritos por monjes en los scriptorium de los monasterios. Su ejecución era llevada a cabo por hombres de gran habilidad artística y preparación doctrinal.


Estos manuscritos se realizaban sobre pergamino, formados por hojas rectangulares dobladas por la mitad y metidas unas dentro de otras, cosidas por su doblez y cubiertas por tapas, que con frecuencia se decoraban y ennoblecían con metales repujados y piedras preciosas.

El idioma empleado era latín y se utilizaban distintos tipos de letra. Al principio se usó la minúscula visigótica y ésta fue posteriormente sustituida por la carolingia. Los temas tratados son en su mayoría de tipo litúrgico y en ellos destacan ilustraciones de fuerte colorido. Estos dibujos se denominan miniaturas, pues el minio era utilizado como pigmento para dar color a los dibujos y letras capitales.